La música: Estímulo, desarrollo y aprendizaje

En los años preescolares la creatividad y las habilidades artístico-expresivas se encuentran en plenitud. Lejos de las reglas y pautas del marco social, los niños tienen la posibilidad de “jugar” con su voz, con su cuerpo y con instrumentos musicales en forma desenfadada y espontánea, dando rienda suelta a las emociones y a la imaginación.

La música es un lenguaje simbólico que permite a los niños exteriorizar su mundo interno así como también interpretar el mundo a su alrededor, facilitando la libre expresión de sus sentimientos, sus sensaciones, sus fantasías y su realidad. Pero la música también funciona como medio para interactuar con los otros, como un lenguaje común y compartido que favorece la comunicación y el desarrollo de las habilidades sociales. Los diálogos sonoros, los cambios de roles que se juegan en una improvisación, el uso del cuerpo y el movimiento para “contar” cosas, los juegos rítmicos, el aprendizaje de canciones, son algunas de las actividades musicales que estimulan al ejercicio de la comunicación, el respeto por el tiempo propio y ajeno, la aceptación y valoración de las diferencias y, sobre todo, la socialización. Y la música es, fundamentalmente, una manifestación artística y cultural que, como tal, desarrolla en los niños la sensibilidad, la creatividad, las aptitudes artístico-musicales y la inserción en la cultura de origen.

Música, Desarrollo y Aprendizaje

La infancia es tiempo de disfrute y de divertimento, pero también es tiempo de aprendizaje. Hablamos de aprendizaje cuando se conjuga la maduración biológica del niño con la influencia socio-cultural. Un ejemplo sencillo: el sistema nervioso central de un niño recibe la información sensorial (acústica) del sonido de un tren, pero no será capaz de interpretarlo como “ tren “ sin la existencia de un adulto que le de ese significado puntual. Es decir, la experiencia del niño —concretada gracias a su madurez biológica— más el sentido que le de el adulto a dicha experiencia —atributo cultural— darán por resultado un nuevo aprendizaje.

La necesidad de un otro/adulto, es una realidad biológica dada por la prematurez con la que nacemos, con un sistema nervioso inmaduro que deberá desarrollarse y completarse durante primeros años de vida.

Todos nacemos en un entorno sonoro y musical. Uno de los primeros contactos con la música se da cuando la mamá arrulla a su bebé. A su vez, los balbuceos del bebé pueden ser leídos también como manifestaciones musicales: tienen una entonación particular, una altura, una intensidad y sirven de base para el desarrollo del lenguaje hablado.

Durante los dos primeros años de vida, el bebé conoce el mundo de una sola manera, accionando sobre él: agarra objetos, los tira, los chupa, los arrastra, los aprieta… y la música está asociada directamente a personas u objetos concretos productores de sonido: la mamá que canta, un sonajero que se sacude, un juguete que suena.

A partir de los cuatro o cinco años, los niños atraviesan una etapa diferente en la cuál poseen ya la capacidad de operar no solo con objetos concretos y tangibles sino también con lenguajes simbólicos: la música, el discurso hablado, el dibujo, etc. La música, entonces, se transformará en una nueva habilidad a través de la cuál podrán conocer, expresarse y aprender.

Pero a pesar del manejo simbólico adquirido en esta edad, la experiencia musical seguirá siendo experimentada a través del cuerpo, vivida a través de sensaciones (ritmo, velocidad, intensidad) y emociones (tristeza, alegría, inquietud, calma…).

En una etapa posterior, con la llegada de la escolarización y la enseñanza formal, y gracias a estas vivencias corporales previas, los niños podrán acercarse a la música a través de operaciones mentales más complejas.

 

Musicoterapia

Estudios neurológicos actuales demuestran la influencia que ejerce la música en la activación y desarrollo de diferentes regiones cerebrales, así como también el influjo que tiene en la formación de nuevas conexiones neuronales cuando ha existido algún tipo de lesión cerebral.

La MUSICOTERAPIA, a través de un abordaje sistemático y metodológico,  estimula el desarrollo y el aprendizaje de los niños pues…

 

El sonido, la música y el movimiento son elementos que propician la activación del sistema sensorial y su integración. Cuando los sentidos trabajan organizadamente, el aprendizaje se da con mayor facilidad.

Estimula la expresión del lenguaje —escrito y hablado— a través del lenguaje musical y el canto.

> Mejora los niveles de atención y concentración

La música despierta emociones y, a través de ellas, se puede aumentar la capacidad memorística pues en el cerebro la memoria y la emoción se encuentran interconectadas anatómica y funcionalmente.

El trabajo rítmico favorece la organización interna de los niños

Desarrolla la motricidad (fina y gruesa)

Favorece el trabajo en equipo

 

En la infancia la expresión musical aparece como un comportamiento más entre otros tantos.

En esta etapa los chicos absorben fácilmente gran cantidad de información, y lo hacen fundamentalmente desde el propio interés y reforzados por la  motivación que le brindan los adultos.

Sentarnos junto a los niños, dispuestos a jugar y a explorar, es altamente recomendable para estimular su desarrollo y, también, para crecer juntos.

No olvidemos que la música incide a nivel biológico, psicológico, social y espiritual; nos atraviesa, forma parte de nuestras vidas y de nuestra identidad, deja huellas, se liga a nuestras emociones y nos retrotrae a los más remotos recuerdos de infancia…

 

Lic. Raquel Gómez – Equipo Red Musicante

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